Edurne Herrán

La Insectoniña Voladora Fuxia

La juguetería visionaria es una hipotética sub-rama de la escultura enraizada en una postura vital de intelectualismo infantilista, perversión social de adultos ladinos que no se resignan a perder el imperio personal que define el niño y que los adolescentes sacrifican para su aceptación en sociedad. En esta vorágine de Peter Pan, Edurne Herrán se sitúa como una revoloteante Campanilla. Revoloteantes son también sus Aelitos, que mezclan la ternura infantil con la frialdad del insecto…

En sus últimas fotografías utiliza la forma de la mariposa para representar las imágenes de los que tiene alrededor, recuperando el personaje fetichista del cazador de mariposas y cazador de humanos de un modo mucho más alegre que el sórdido coleccionista que representara Terence Stamp en una película.

La propia imagen y el vestido como segunda piel (la moda como proyección cultural y juego de identidad, obsesión post-conceptual femenina). “Edurne Herrán Low Fashion”, lujo, basura y excentricidad elaborando una imagen que hace trizas los espejos. Ostentosa parafernalia. Joyería de juguete donde el plástico ocupa el lugar del oro.

El plástico reciclado también sustituye el tejido. La recreación de un mundo de identidades travestidas por medio de un bricolaje de basura: Un modelo de inspiración gótica, ideal para llevar en el entierro de alguna enemiga, realizado con bolsas de basura y estética goyesca; una maruja trip-hop, que demuestra que las labores del hogar no están reñidas con el diseño exclusivo…
Imágenes idealizadas de un hippismo sesentero prenatal para esta artista psicodélica.

Este juego detonante de disfraces se sumerge en un irónico patetismo en las fotografías de animales vestidos y humanizados. Igualmente patéticas son las manitas de juguete del “Vestido para una pedida de mano”, donde es la novia con su traje la que extiende mil manitas, más para pedir dinero y amor que para ofrecer nada…

Este aspecto patético, que demanda nuestro cariño con sus formas, es una característica de los muñecos-bebé que la artista utiliza con crueldad. Los muñecos manipulados y envasados al vacío ¡están para comérselos!. Orgía caníbal que desquicia nuestros nervios. Es el elemento sádico de una construcción poética. Transmutación de tierna carne de plástico (materia sagrada) en objeto de arte.

Edurne Herrán reina despóticamente en su imperio artístico personal. Niña infanticida, insecto zumbón que caza mariposas. Inocente crueldad… esplendor rosado de un universo hecho a su medida, y de plástico…

(texto para el catálogo de la exposición Dulce Venganza-2002)